Baudelaire y la ciudad.

Baudelaire considera el auge de París como el signo fatal del triunfo del pragmatismo y la exaltación de lo útil. En pocos años se abrieron en la capital francesa cincuenta y cinco nuevas calles, se construyeron plazas y monumentos. La población creció considerablemente entre 1851 y 1861. La riqueza y el clima bélico encuadraron los años de producción de Baudelaire, que corresponden a los de crecimiento febril de la ciudad.
Curiosamente la fisionamía de algunos barrios de París no ha cambiado sustancialmente pasados siglo y medio de cuando por ellos caminaba “el poeta maldito”.
París fue una ciudad demasiado impactante como para no imponerse con todos sus aromas, pasiones y exquisiteces en la poesía del autor. Éste se convirtió en el poeta de la ciudad, pero no el que observa el progreso en todas sus formas, sino el que se detiene al lado del caído al costado de la calle, aquel que por imponderables infinitos no pudo mantener la dignidad de su vida. Por primera vez la poesía dejó la placidez de los lagos, los jardines y las montañas y entró en los conflictos de la vida ciudadana.
Aunque París fue el centro de irradiación de la cultura y el arte de su tiempo, Baudelaire dijo en forma inapelable:
“París, centro e irradiación de la estupidez universal”

Material extraído de notas del libro “Las flores del mal” Ediciones Cruz del sur, a cargo de Leonardo Garet.

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